enseñar para qué


ENSEÑAR PARA QUÉ
Desde que los griegos de los siglos V y IV aC activaran su paideia (su educación para los que han de ser ciudadanos), y seguramente desde antes y en otros lugares a los que nuestra ciencia de la Historia no ha llegado, ha resultado socialmente conveniente que los que saben más, porque han acumulado más experiencias y han tenido más tiempo para reflexionar sobre ellas, se sitúen frente (o entre: mayéutica) los que tienen menos conocimientos, y hagan por poner a disposición de la sociedad tales conocimientos basados en esas experiencias y reflexiones. Eso ha sido y es enseñanza, educación, pedagogía, magisterio, docencia... Es una técnica (tekné), no es una ciencia (episteme). No va buscando la comprensión tanto como la acción y el aprovechamiento de unos recursos, en este caso los recursos y los capitales humanos. Hay desde entonces, desde los antiguos griegos, un debate sobre la justificación de aquella paideia: Enseñar, educar, impartir docencia... para qué. Responder de una forma o de otra define la pedagogía de la que se trate en cada caso. El que lleva este blog, profesor en activo de Secundaria, tiene el convencimiento de que lo suyo (lo mío) es enseñar para no resignarnos a este estado de cosas que nos anonada como personas humanas que somos. No es la razón la que gobierna el mundo. Y la enseñanza debería allanar el camino para que esto acabara sucediendo algún día en alguna parte, empezando, tal vez, por el mundo que nos pille más cerca.

martes, 6 de noviembre de 2012

La escuela en Andalucía (desde 2008), avanzadilla de la escuela Wert.

Como es público y notorio hay un proyecto para la educación que habrá de actualizarse en los países de España en un futuro inmediato, si una fuerza mayor, o menor, no lo remedia. Y tal proyecto depende del empeño que tiene este señor, don José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, en convertir la enseñanza, la educación, la escuelaen un negocio. En un negogio productivo, competitivo, exitoso y crematístico. Su Anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la Enseñanza (LOMCE), que ya estará siendo informado por altas instituciones del Estado, se abre con una sucinta y clarísima declaración de lo que este ministro, integrista liberal y ultraneoconservador donde los pueda haber, entiende que es o ha de ser la educación. Dice así: “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país”. La propuesta de definición, que él presenta como una definición conseguida y acabada, es más larga, pero tampoco queremos amargarle a nadie la jornada reproduciéndola entera. Ya saben ustedes que en Internet está todo. Los docentes que llevamos en esto más tiempo —yo llevo ya para 33 años: 5 leyes orgánicas, y una ley autonómica— nos hemos quedado a cuadros: no habremos sido pocos los que acabamos de descubrir que hemos estado toda nuestra vida profesional haciéndolo fatal: intentando educar y formar a nuestros alumnos, y dando la espalda olímpicamente al fomento de la competitividad de la economía. Con razón están así los países de España. Eso sí, a él, a Wert, nadie podrá acusarle de no explicarse. No muchas líneas más allá de esta declaración, e inspirándose en los postulados de Eric A. Hanushek, un influyente pedagogo de la Hoover Foundation (ligada a la Universidad de Standford, y a los círculos mas conservadores del republicanismo USA) puede leerse lo siguiente: “ la calidad educativa debe medirse en función del "output" (resultados de los estudiantes) y no del "input" (niveles de inversión, número de profesores, número de centros, etc.)”. Lo dicho, explicarse se explica.

            Hombre, habiéndonos leído, como así hemos hecho, y no sin zozobra, los contenidos de algunos de sus escritos cercanos al tema de la educación, entre ellos el estomagante, aunque en ocasiones bien documentado, Los españoles ante el cambio (FAES, 2012), en el que Wert expresa su convencimiento de que los centros ‘gestionados públicamente’ son los mayores responsables de la deriva y la pérdida de valores morales que, según él mismo, caracterizan en estos momentos a nuestras sociedades; habiéndonos indignado ante su no menos, sino más, estogante powerpoint La sociedad española ante la agenda de reformas (FAES, 2010), panfleto reaccionario presentado como una reflexión sociológico-política en el que puede leerse que en la Ecuela española —y de ahí su fracaso— se ha mantenido unConcepto abusivo e invasivo de Comunidad Escolar, así como la Idea de co-gobierno (padres, alumnos, docentes, no docentes)… pero, añade, La Comunidad educativa no puede ser una Comunidad democrática, porque el proceso educativo no es democrático); y habiéndonos dejado asaltar por su istrionismo parlamentario (nuestro prohombre tiene cosas mucho más graves que aquella pifia de catalanizar a los vascos, perdón, de vasquizar a los extremeños, perdón, de españolizar a los catalanes: en una comparecencia parlamentaria al frente de la Comisión de Educación que tuvo lugar en febrero de este 2012 soltó aquello de que a los Centros de Educación españoles de Ceuta y Melilla acudía población ‘básicamente marroquí’ a beneficiarse de nuestras prestaciones educativas..!); y habiéndonos empapado, en suma, de estadoctrina Wert-Hanushek sobre lo que le Educación debe ser, frente a lo que es hoy en España, estamos en condiciones de afirmar que el postulado de promover una educación pública, social, diversa, autónomamente gestionada -en lo administrativo y en lo más puramente académico- desde los Centros y orientada hacia lo formativo de manera preeminente está ya a punto de caer, efectivamente, en España y sus autonomías.  Igualmente, y habiendo hecho, como lo hemos hecho, este ejercico previo de investigación a propósito de quién es este quién llamado José Ignacio Wert, que algunos ya conocían por sus dotes de tertuliano, estamos ya preparados para cualquier desastrosa y antisocial contingencia que pueda sobrevenir a la posible aprobación de este anteproyecto-LOMCE suyo, y de su posterior conversión en ley orgánica, aprobado de las Cortes y sanción real mediantes.

            Anteproyecto de ley este en el que se nos amenaza a docentes y centros de enseñanza con unas ‘rendiciones de cuentas’ que otras leyes de desarrollo habrán de sustanciar no queremos imaginarnos en qué términos. Rendiciones de cuentas que no tendrán que atender a la descapitalización humana y material de los institutos docentes (a los muy decrecientes inputs), sino solamente a los certificados y diplomas que estemos dispuesto a fabricar en serie (a los outputs, que han de ser crecientes) para que las estadísticas de la OCDE, de la UNESCO y del BM dejen de decir lo que dicen obstinadamente: Que nuestro ya bastante descapitalizado sistema educativo, después del volver a un raquítico 4,3 % del PIB de inversión, es decir al nivel de 2007, comienza a dar señales de dirigirse hacia el fracaso más total, y más injusto (porque invertirse se ha invertido, oiga: capitales y empeños, y muchas horas de trabajo de mucha gente entregada).

            Claro que para superar este lamentable estado de cosas es para lo que Wert dice haber pergeñado y presentado esta LOMCE cuyos dos pilares son la estructuración de un sistema educativo jerárquico y gestionado verticalmente en lo administrativo y en lo académico (mucho director y mucho inspector; poco consejo escolar, poco claustro de profesores, poco departamento didáctico, y poco de otros instrumentos de cogestión), y en el muy liberal principio de que la educación es una inversión de capitales y que, por lo tanto, solamente puede justificarse en función de unos rendimientos mensurables en términos de mercado (razón por la cual es de esperar un aumento de inversiones en la escuela privada, a la que él exalta frecuentemente en sus escritos y conferencias). Lo cual es una desgracia social.


No obstante nuestra sincera refracción hacia este plan-Wert, que no conseguimos ver más que como una apisonadora que creará, si llega a su terminus, mucha marginación y más depresión en la sociedad, quisiéramos facilitarle un poco su tarea a fin de que se dé cuenta de que tal plan no es tan suyo como a lo mejor se creía, y de que cuenta además con un antecedente práctico que talvez pueda servirle para reconsiderar su postura, retirar su malhadado anteproyecto, y dedicarse a otro negocio. 

Verá usted, señor ministro, en Andalucía se aprobaron en el verano del 2010 un par de Decretos, el 327 y el 328, que introdujeron una parte considerable de sus propuestas antidemocráticas o jerarquizantes en la gestión de los Centros, reforzando con tales decretos la figura del Director, reduciendo las atribuciones de los Claustros de Profesores y de los Consejos Escolares, y convirtiendo los órganos de coordinación docente en apéndices de una planificación pedagógica en la que los Departamentos Didácticos sólo intervienen tangencialmente y en aspectos poco determinantes. En su momento estos decretos fueron contestados por sindicatos y medios interesados en la enseñanza, pero finalmente se aprobaron tras un informe-dictamen favorable del Consejo Escolar de Andalucía. Informe este que fue finalmente acatado-admitido por unos sindicatos (CCOO, ANPE) y contestado y rechazado por otros (USTEA y FETE-UGT, entre otros). Dos años atrás, en el 2008, habíase dictado una Orden con la que se activaba un ‘Programa para la mejora de la calidad y de los rendimientos escolares’ (no me diga que no le suena bien), que fue igualmente contestada y rechazada por diversos medios cercanos al ámbito educacional en todas las provincias andaluzas (consintieron adherirse a este Plan una minoría de Centros en toda Andalucía, sobre todo de Primaria); que ha tenido que ser corregida no sé cuántas veces (y ahora se anuncia otra); y que en esencia se basa en su querida figura de la ‘rendición de cuentas’ de los centros y los docentes: Si producís los suficientes títulos, si conseguís que suban las medias de las calificaciones, y se mejora en determinadas partidas (menos repetidores, menos bajas en edad escolar, menos faltas, más contentura de padres…), estaréis mejor considerados y mejor dotados, Centros, y cobraréis algo más, docentes. Por si fuera poco y para más inri existe en Andalucía una red de centros docentes, que figuran en un listado de colegios e institutos de secundaria auditados por la empresa de homologación y certificación AENOR, que han de rendir cuentas de sus rendimientos y actuaciones (homologadas, normalizadas, calibradas…) ante estos gestores externos para obtener sus certificados de calidad. Pues bien, he de darle, señor ministro, la mala noticia de que los efectos de estas medidas y disposiciones legales están lejos de constituir un éxito en nuestra Comunidad a cuatro años de andadura del susodicho Plan de mejora de la calidad y rendimientos, a dos de los Decretos restringidores, y a pesar de todos los certificados AENOR que se exhiben, ridículamente, en las entradas de muchos centros andaluces: Las estadísticas no mejoran; la mayoría de los Centros siguen recelando del ‘Plan de mejora’ y en aquellos en los que ha sido aprobado los resultados están muy lejos de ser los que se esperaban. Por lo demás los Decretos jerarquizadores están fomentando la pasividad ante la corrupción y la incompetencia de gestores y directores en este Centro y en aquel otro, y causando el alejamiento de estos mismos Centros de las sociedades que los sostienen y justifican; cunde la segregación y la desorientación; y los índices que se refieren a la mejora en esos aspectos que resultan tan determinantes —promociones, no deserciones, adecuaciones de edades con niveles, y otros—  parecen desentenderse de tanta ordenada ‘mejora en la calidad y en los rendimientos’, de tanto decreto consolidador de la autoridad de los directores, y de tanta monserga  productivista homologable por AENOR.

            Desengáñese, señor ministro de la Educación (+ la Cultura, el Deporte, los Festejos Populares y los Toros Embolados) digan lo que digan los teóricos de la Hoover Foundation-Standford University, la educación, al menos en nuestra Europa, sí tiene que ver con el input, y más con un input que es el input de todos los inputs: con la inversión del Producto Interior Bruto (PIB) en las partidas que precisa la Escuela (y también con el % que esa inversión supone en el monto total del gasto público). En España hemos pasado de un 4,3 del PIB invertido en Educación en 2006/2007 a un 4,3 % en 2011/12 (pero atravesando un quinquenio en el que se habían superado levemente los 5 puntos, en 2009/2010, situándonos incluso un poco por encima de la media europea). Ahora se anuncia que volvemos al 4,3 (algo menos), y habría además que averiguar de este 4,3 % del PIB, que tiende a bajar, que subporcentaje es el que se invierte finalmente en la escuela pública. Por otra parte en medios oficiales se afirmó el pasado año (mayo 2011: Informe remitido a Bruselas por el Gobierno de España como parte del Programa de Estabilidad 20122015), al tiempo que se anunciaban las primeras medidas restrictivas por todos conocidas y sufridas, que el % con el que llegaríamos al 2015 sería del 3,9. Al día de hoy ya estamos un punto por debajo de la media de Europa, y a casi dos de la modélica, que lo es, Finlandia.

            Háganos un poco de caso, señor Wert. No sea usted tan acérrimo de sí mismo. No busque modelos en los USA, que tan lejos nos pillan (tanto como la Vega de Antequera o el Valle del Jerte del Silicon Valley). Mire lo no-mucho-mejor que nos va en Andalucía con este adelanto ejecutivo a la LOMCE de sus entretelas. Mire mejor los porcentajes del PIB en educación de la escuela francesa (+ 5’6), de la belga (+ 6,5), de la sueca (+,7); mire a Finlandia (+ del 6). Mire —vergüenza nos dé— Portugal (5). Mire a Botswana (+ del 7’9). Mírese usted la cara en el espejo y repita con nosotros: menos Eric Hanushek y más Comenius + Paulo Freire; menos Eric Hanushek y más Comenius + Paulo Freire; menos Eric Hanushek… A ver si así se entera qué es lo que quiere decir la palabra Escuela desde una perspectiva social (desde esa misma que usted y los suyos desprecian). Porque esa, y no otra, es la que nos conviene a todos.

Enrique A. C. G.

Profesor de Filosofía y Educación para la Ciudadanía en el IES Ibn al-Baytar.

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