enseñar para qué


ENSEÑAR PARA QUÉ
Desde que los griegos de los siglos V y IV aC activaran su paideia (su educación para los que han de ser ciudadanos), y seguramente desde antes y en otros lugares a los que nuestra ciencia de la Historia no ha llegado, ha resultado socialmente conveniente que los que saben más, porque han acumulado más experiencias y han tenido más tiempo para reflexionar sobre ellas, se sitúen frente (o entre: mayéutica) los que tienen menos conocimientos, y hagan por poner a disposición de la sociedad tales conocimientos basados en esas experiencias y reflexiones. Eso ha sido y es enseñanza, educación, pedagogía, magisterio, docencia... Es una técnica (tekné), no es una ciencia (episteme). No va buscando la comprensión tanto como la acción y el aprovechamiento de unos recursos, en este caso los recursos y los capitales humanos. Hay desde entonces, desde los antiguos griegos, un debate sobre la justificación de aquella paideia: Enseñar, educar, impartir docencia... para qué. Responder de una forma o de otra define la pedagogía de la que se trate en cada caso. El que lleva este blog, profesor en activo de Secundaria, tiene el convencimiento de que lo suyo (lo mío) es enseñar para no resignarnos a este estado de cosas que nos anonada como personas humanas que somos. No es la razón la que gobierna el mundo. Y la enseñanza debería allanar el camino para que esto acabara sucediendo algún día en alguna parte, empezando, tal vez, por el mundo que nos pille más cerca.

domingo, 18 de octubre de 2015

CONTRAPROGRAMANDO DESDE EL INASUMIBLE DECRETO QUE REGULA EL CURRÍCULO DE FILOSOFÍA PARA 1º de BACHILLERATO EN EL MARCO DE LA LOMCE.

Jesús discutiendo con sabios ignorantes. A. Durero, 1506. Museo Thyssen.

Este Real Decreto 1105/2014, por el que se establece el currículo básico de la Educación Secundaria Obligatoria y del Bachillerato, y en el que se dedican las correspondientes páginas, ocho, a establecer el correspondiente para la ‘materia Filosofía’ de 1º de bachillerato, esto es, a establecer los contenidos, criterios de evaluación, y ‘estándares de aprendizaje evaluables’ (no sé bien en qué pueda consistir tal cosa, y llevo 33 cursos trabajando en este negocio) que se van a actualizar en las prácticas docente y discente para los alumnos que cursen este curso constituye el atentado más flagrante que haya sufrido ‘la materia Filosofía’ en sus distintas concreciones normativas desde la LODE hasta nuestros desgraciados (LOMCE) días.

A lo largo de estas ocho páginas, insustantes y pésimamente escritas, se nos presentan tales contenidos, criterios de evaluación y ‘estándares…’ en un continuo y extenso anacoluto en el que desde las primeras líneas el autor de esta literatura oficialísima simula estar en el conocimiento de los contenidos inherentes a ‘la materia’ y en una posición de competencia para lo que se pretende presentar como una concreción pedagógica de la misma. Cuando está bastante claro que el redactor de este pifio no tiene idea de lo que habla, de lo que propone, ni tampoco de lo que calla y podría referir en relación con la misma materia considerando ―esta consideración es obligatoria para una programación que se supone integrada y progresiva― que se llega a bachillerato, a un bachillerato con religión, después de haber transitado por un currículo de primaria y de secundaria también con religión en el que al alumno que así lo haya elegido (aunque para esto la elección no es libre: en secundaria obligatoria esa elección es de los progenitores o tutores legales) ha sido instruido en el arte de “Reconocer la incapacidad de la persona para alcanzar por sí misma la felicidad”. Y es que según la Resolución (BOE, 24 de febrero, 2015) por la que se publica el currículo de la enseñanza de Religión Católica de la Educación Primaria y de la Educación Secundaria Obligatoria “La formación religiosa católica aporta … una cosmovisión que da sentido a la vida y, por tanto, a la cultura y a la identidad de la persona humana. Una cosmovisión que hace posible la formación integral del estudiante frente a visiones parciales”. La afirmación no puede ser más mendaz, ya que es la religión católica, lo mismo que cualquier otra confesionalidad, la que afirmaría una visión parcial de cualquier tipo de ámbito de lo real, incluido el humano. Sin embargo ahí está esta resolución en el BOE afirmando lo contrario e impartiendo doctrina (y vaya doctrina: dogmatismo integrista católico en su estado más puro).

Partiendo de una instancias curriculares como estas (el texto completo de la Resolución en la que se establece, desde la ‘gracia de Estado’ que asiste a los coadjutores pedagógicos episcopales, el currículo de la enseñanza de Religión Católica en nuestro asistema educativo resulta estomagante, sobre todo considerando que intenta justificar una programación didáctica que va a ejecutarse en un Estado aconfesional)… Partiendo de unas instancias curricurales como estas, decíamos, habrá resultado difícil encontrar a alguien lo suficientemente curtido en el arte de hablar sin decir y de programar sin proponer nada didácticamente realizable como para conseguir el objetivo de hacer compatible una materia como esta, la Filosofía, que se afirma desde sus mismos fundamentos históricos sobre el ejercicio del libre pensamiento, con el lastre de una formación (deformación) programada desde la posibilidad de que una parte del alumnado actualice contenidos ‘religiosos’ como los anteriormente señalados ―unos contenidos creacionistas, superticiosos y envaucadores, como lo son todos los que dependen de las religiones ‘del Libro’― al tiempo que debe actualizar los propios de la ‘materia Filosofía’ y analizar, tal como se recomienda en el Decreto que regula el currículo de Bachillerato en el apartado de ‘estándares de aprendizaje evaluables’, textos de Richard Dawkins. Precisamente este pensador, y dicho sea de paso, considera la enseñanza de la religión un factor culturalmente regresivo y deformativo de la percepción de la realidad que pueda tener un discente (un usuario del servicio público de la educación reglada).

Pero es que la introducción de otros ‘estándares de aprendizaje’ en la ‘materia Filosofía’, como el que propone que el alumno “argumente coherentemente, fundamentándose en los datos objetivos aprendidos, sobre las implicaciones de adoptar prejuicios antropocentristas para enjuiciar a los seres humanos y las culturas” (¿qué querrá decir lo anteriormente entrecomillado?), muy abundantes en cuanto a su muy deficiente calidad propositiva a lo largo de estas ocho páginas, termina por hacer de la confusión y de la inconsistencia el signo distintivo de este Decreto, al menos en lo que a la ‘materia Filosofía’ pueda referirse en su relación con los otros elementos del currículo. Resulta estupefaciente, por ejemplo, que en el mismo apartado de ‘estándares evaluables’, del bloque “El ser humano desde la Filosofía”, en el que se recomienda la lectura de Dawkins se proponga el análisis de ‘fragmentos breves y significativos de E. Morin, K. Popper, R. Dawkins, J. Mosterin, A. Gehlen, M. Harris, M. Ponty entre otros’ (habrá que suponer que M. Ponty, es M. Merleau-Ponty; que donde se lee ‘Mosterin’ debe leerse ‘Mosterín’; que donde, en otra línea, se lee ‘Pointcaré’ debe leerse ‘Poincaré’). Tal efecto estupefaciente vendría garantizado desde el momento en el que entre estos significados antropólogos, unos más cercanos que otros a la Filosofía, aparezca el nombre del nazi desnazificado Arnold Ghelen, uno de los más firmes puntales del neoconservadurismo alemán, que es bastante rancio, y uno de los más preclaros defensores de la tesis de la muerte de la historia, incluida la de la historia de la filosofía. Parece como si el programador de esta ‘materia’, la ‘materia Filosofía’ lo que quisiera es desprestigiar a la misma promoviendo una especie de caos conceptual y temático dentro de esta insulsa programación para el primer curso de bachillerato. Lo cual sería por cierto consistente con el hecho de que esta ‘materia’ pierde horas, desaparece como obligatoria en tanto que ‘historia de la Filosofía’ en 2º de bachillerato (en consonancia con las tesis antihistóricas de Gehlen y Fukuyama, entre otras lumbreras), y aparece, minimizada y des-sustancializada en un 4º de ESO en la que se verá reducida ―nos tememos- a dos horas semanales.

Pero donde este programa alcanza su apoteosis de insustancialidad, mendacidad y desnaturalización de los contenidos de ‘la materia Filosofía’ es en el bloque 6, titulado ‘La racionalidad práctica’. En este bloque y no sabemos bien a propósito de qué se afirma el siguiente orden subtemático (agárrense): “El modo metafísico de preguntar para diseñar un proyecto, vital y de empresa. Los procesos de cuestionamiento y la importancia de la definición de objetivos. El proceso de análisis racional del conjunto de un sistema, de los elementos que lo integran y del orden racional que subyace a la estructura lógica de un proyecto, vital y empresarial”. Bueno, desistimos de comentar semejante desvarío (no sabría por dónde empezar: no hay por donde coger tal engendro). Nos bastará con denunciar el carácter antifilosófico y radicalmente inculto de la propuesta de buscarle una utilidad práctica a la Metafísica (ni siquiera ha de tenerla la misma Filosofía: no pretende servir para nada, y no sirve a nadie: Gilles Delleuze). ¿Habrá escrito ese desatino el mismo Wert? ¿Le echó una mano Gomendio, ‘su’ Secretaria de Estado para Educación? ¿Se arrimó a la tarea el Subdirector de Cultura y Secretario de Estado Jose María Lasalle, autor predilecto de la FAES? ¿Colaboró Jorge Fernández, nuestro santísimo ministro del Interior, ese mismo que no tiene nada claro la distancia moral que hay entre un etarra y una mujer que pone voluntariamente fin a un embarazo no deseado o no viable? ¿Tal vez los asesoró el mismo Rouco Valera desde su ático de Madrid frecuentado por plenipotenciarios del mundo entero?

Y ya concluyo este escrito pro-contraprogramador, que brindo a todos mis colegas profesores de filosofía, haciendo una cita más extensa del inicio del libro de Gilles Delleuze-Félix Guattari ‘Qué es filosofía’ (1991). Porque, total, para qué voy a esforzarme en decir lo mismo o algo muy parecido como contestación a este Decreto cercenador y desnaturalizador que nos ha caído encima a los docentes de esta materia, esperemos que por este único curso: “La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas”. Denunciado queda pues este Decreto por radicalmente estúpido y manifiestamente antifilosófico.

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